La Transición – El Proceso de la Muerte-

El tema de la muerte siempre nos inquieta a todos, queremos saber exactamente qué ocurre en ese momento de la transición entre uno y otro plano dimensional. Cuando se desconoce la real naturaleza de este proceso, la muerte se nos presenta como sobrecogedora.  Los egipcios practicaban meditaciones profundas para aquel inexorable instante, simulando en sus rituales la hora de la muerte, es decir, practicaban lo que actualmente los budistas llaman el “Phowa”, que es un curso en el que la gente aprende a morir conscientemente.  Elizabeth Kübler Ross fue una estudiosa, pionera en este asunto. Ella descubrió, mediante múltiples entrevistas a supervivientes de la muerte, que los seres humanos atravesamos por cuatro marcadas fases.

Fases por las que un moribundo pasa

 Primera fase:  En la primera fase las personas salían flotando de sus cuerpos.  Ya fuera que hubieran muerto en la mesa del quirófano, en accidente de coche o por suicidio, todas decían haber estado totalmente conscientes del escenario donde estaban sus cuerpos.  La persona salía volando como la mariposa que sale de su capullo, y adoptaba una forma etérea; sabía lo que estaba ocurriendo, oía las conversaciones de los demás, contaba el número de médicos que estaban intentando reanimarla, o veía los esfuerzos del equipo de rescate.  Otros contaban lo que habían dicho los familiares que estaban reunidos alrededor de sus camas en el momento de la muerte.

 En esta primera fase experimentaban también la salud total; por ejemplo, una persona que estaba ciega volvía a ver, una persona paralítica podía moverse alegremente sin dificultad.  Una mujer contó que había disfrutado tanto bailando junto al techo de la habitación del hospital que se deprimió cuando tuvo que volver.  En realidad, de lo único de que se quejaban las personas que murieron fue de no haber continuado muertas.

 Segunda fase:  Las personas que ya habían salido de sus cuerpos decían haberse encontrado en un estado después de la muerte que sólo se puede definir como espíritu y energía.  Las consolaba descubrir que ningún ser humano muere solo.  Fuera cual fuese el lugar o la forma en que habían muerto, eran capaces de ir a cualquier parte a la velocidad del pensamiento. Algunas, al pensar en lo apenados que se iban a sentir sus familiares por su muerte, en un instante se desplazaban al lugar donde estaban éstos, aunque fuera al otro lado del mundo. Otros recordaban que mientras los llevaban en ambulancia habían visitado a amigos en sus lugares de trabajo.  (Esto me recuerda a lo que la sabiduría popular denomina “el muerto recoge sus pasos”).

 Esta fase es la más consoladora para las personas que lloran la muerte de un ser querido, sobre todo cuando éste ha tenido una muerte trágica y repentina.  Cuando una persona se va marchitando poco a poco durante un período largo de tiempo, enferma de cáncer, por ejemplo, todos, tanto el enfermo como sus familiares, tienen tiempo para prepararse para su muerte.  Cuando la persona muere en un accidente de avión no es tan fácil.  La persona que muere está tan confundida como sus familiares, y en esta fase tiene tiempo para comprender lo ocurrido.

 Todas las personas entrevistadas recordaban que en esta fase se encontraban también con sus ángeles guardianes o guías o compañeros de juego, como los llamaban los niños.  Explicaban que los ángeles eran una especie de guías, que las consolaban con amor y las llevaban a la presencia de familiares o amigos muertos anteriormente.  Lo recordaban como momentos de alegre reunión, conversación, puesta al día y abrazos.

 Tercera fase:  Guiadas por sus ángeles de la guarda, estas personas pasaban a la tercera fase, entrando en lo que por lo general describían como un túnel o una puerta de paso, aunque también con otras diversas imágenes, por ejemplo un puente, un paso de montaña, un hermoso riachuelo, en fin, lo que a ellas les resultaba más agradable: lo creaban con su energía psíquica.  Al final veían una luz brillante.

 Cuando su guía las acercaba más a la luz, veían que ésta irradiaba un intenso y agradable calor, energía y espíritu, de una fuerza arrolladora.  Allí sentían entusiasmo, paz, tranquilidad y la expectación de llegar por fin a casa (Shanti Nilaya –El Hogar Definitivo de Paz-).  La luz, decían, era la fuente última de la energía del Universo.  Algunos la llamaban Dios, otros decían que era Cristo o Buda.  Pero todos estaban de acuerdo en una cosa.  Se hallaban envueltos por un amor arrollador, la forma más pura de amor, el amor incondicional.  Después de escuchar a millares de personas explicar este mismo viaje, se comprende por qué ninguna quería volver a su cuerpo físico.

 Pero estas personas que volvieron decían que esa experiencia había influido profundamente en sus vidas.  Algunas habían recibido un gran conocimiento, algunas habían vuelto con advertencias proféticas, otras con nuevas percepciones.  Pero todas habían hecho el mismo descubrimiento: ver la luz les había hecho comprender que sólo hay una explicación del sentido de la vida, y ésta es el amor.

 Cuarta fase:  Según los relatos, en esta fase se encontraban en presencia de la Fuente Suprema.  Algunos la llamaban Dios, otros decían que simplemente sabían que estaban rodeados por todo el conocimiento que existe, pasado, presente y futuro, un conocimiento sin juicios, solamente amoroso.  Aquellos que se materializaban en esta fase ya no necesitaban su forma etérea, se convertían en energía espiritual, la forma que adoptan los seres humanos entre una vida y otra cuando han completado su destino.  Experimentaban la unicidad, la totalidad o integración de la existencia.

 En ese estado la persona hacía una revisión de su vida, un proceso en el que veía todos los actos, palabras y pensamientos de su existencia.  Se le hacía comprender los motivos de todos sus pensamientos, decisiones y actos y veía de qué modo éstos habían afectado a otras personas, incluso a desconocidos: y veía cómo podría haber sido su vida, toda la capacidad en potencia que poseía.  Se le hacía ver que las vidas de todas las personas están interrelacionadas, entrelazadas, que todo pensamiento o acto tiene repercusiones en todos los demás seres vivos del planeta, a modo de reacción en cadena.

 De manera aún más específica, el Lama Ole Nydahl nos explica cómo es todo el proceso en sí, de esta forma nos dice:

 “Rápidas o lentas, las muertes pueden parecer diferentes.  Sin embargo, siempre ocurre el mismo proceso:  primero, la conciencia se separa de la piel y otros órganos sensoriales externos y se dirige al canal central interno del cuerpo.  Mientras la conciencia disminuye, se pierde control sobre la parte sólida y fluida del cuerpo.  Mientras la conciencia disminuye, se pierde control sobre la parte sólida y fluida del cuerpo, su calor y su aliento.  Entonces, gradualmente, las energías de los centros de la cabeza y de la parte baja del cuerpo se encuentran en el centro del corazón mientras la mente tiene fuertes experiencias de claridad y gozo.  Alrededor de 20 ó 30 minutos después de haber respirado por última vez, hay una oscuridad total, después de la cual aparece una luz muy clara en el centro del corazón. En ese momento, la gente tiene una oportunidad única.  Si ha meditado mucho, si ha mantenido sus lazos budistas y ha sido honesta consigo mismo, hay una posibilidad de reconocer y mantener esta luz, y en efecto, iluminarse.  Entonces, no hay separación entre espacio y conciencia adentro y afuera y uno es ilimitado.  Todas las limitaciones personales se han deshecho, y uno puede tener incontables renacimientos e incontables universos con muchos poderes para ayudar a los demás.

 No obstante, en la mayoría de los casos, los seres quedan inconscientes porque la luz es demasiado fuerte.  Esta condición de inconsciencia dura cerca de tres días y al despertar, la gente usualmente, ni sabe ni quiere saber que está muerta.  Por cerca de una semana, la mente continúa llevando la vida cotidiana reciente.  Uno va a los lugares y ve las personas que conoce, pero ellos no pueden verlo a uno.  Causa mucha confusión que debido a la carencia de un cuerpo, uno puede aparecer inmediatamente en un lugar con sólo pensar en él.

 Diez días después de la muerte, después de estar una semana en esa situación, uno finalmente reconoce que está muerto.  Esta experiencia es tan fuerte que se produce nuevamente un desmayo y cuando la mente emerge de esta segunda fase de inconsciencia, el mundo habitual ha desaparecido y el subconsciente cobra vida.  Las impresiones más profundamente guardadas aparecen y en un período no mayor de cinco semanas y media maduran en una estructura psicológica que expresa la más fuerte tendencia mental desarrollada durante nuestra última vida.  Si es orgullo o celos, apego o furia, avaricia o confusión, se colorea la mente y, al mismo tiempo, la acerca a seres y lugares que corresponden a su contenido.  Entonces, las buenas acciones producen renacimientos placenteros en lugares favorables y las acciones nocivas traen el sufrimiento tan generalizado en buena parte del mundo actual”.

 Al preguntársele a este Lama cómo es que sabe él todo esto, Ole Nydhal responde:  “Lo sé por diferentes razones, tanto personales como generales.  ¿Le doy los detalles?  Bueno.  Primero, pertenezco al grupo de personas que tiene pruebas independientes de recuerdos de sus vidas anteriores.  Yo no estoy diciendo que fuera un ángel, pero sí tuve buenos amigos, exquisitas mujeres y mucha diversión en mis vidas pasadas.  Estuve combatiendo a los soldados chinos, para proteger a la población civil de Tibet Oriental.  Ya a la edad de 2 ó 3 años en Dinamarca durante la guerra, tenía sueños recurrentes, peleando contra soldados con caras redondas y protegiendo hombres en túnicas.  Así es como interpreté los hábitos de los monjes que después vi.  Yo nunca había visto montañas, pues no existen en Dinamarca, pero de todas maneras hacía dibujos detallados de las empinadas laderas rocosas.  Mi propio Lama, Decimosexto Karmapa me llamaba Mahakala (un protector budista) y el “General del Dharma”.  Además, nací con algunos signos en mi cuerpo que se supone significan que anteriormente realicé funciones de protector (…). Parece que me prometí muy seriamente manifestar ciertas actividades cuando estuviera en este mundo y parece que, felizmente, estoy cumpliendo con ellas.  Proteger y desarrollar los seres en todos los niveles es algo que siempre está en mi mente.

 En segundo lugar, hay otras razones, menos personales.  Mucha gente ha venido a mí después de su muerte.  Seres reales, espantos, fantasmas, espíritus o como sea que les llamemos en occidente.  Aún cuando algunos aparecieron más temprano de lo que el libro “Libro Tibetano de los Muertos” describe, lo que sea que les pasó coincide completamente con esas enseñanzas.  (Además) el lugar en el cual esta certeza toca a miles es a través de cientos de cursos de phowa (…).  He enseñado esta práctica desde 1987, principalmente en países occidentales y también en Singapur y Japón (…).  en un seminario de meditación intensivo de cuatro o cinco días, el Buda de la Luz Ilimitada (Amitabha) bendice a los practicantes y éstos reciben signos exteriores, interiores y secretos de su éxito, pruebas de que llegarán a la Tierra Pura después de la muerte.  Los signos son muy convincentes.  Uno obtiene una pequeña apertura en el cráneo, que produce un signo visible en la parte superior de la cabeza.  Adicionalmente se producen experiencias fuertes de gozo y purificación y se llega a un entendimiento creciente de lo que realmente importa sobre la vida y la muerte.  Hay consenso en que la vida después del phowa es diferente y mucho mejor.  Un alto porcentaje experimenta que dejan su cuerpo, y muchos alcanzan momentos de enorme gozo.”

 Como vemos, cada uno tiene su propia idea de lo que sucede durante el proceso de la muerte, pero con muchos puntos en común, en un próximo post veremos el proceso de la muerte desde un punto de vista esotérico.  Adelanto lo que nos cuenta, muy a su estilo, el Dr. Guillermo: cuando el moribundo está enfermo, los parientes están pendientes de él, muchos orando y entonces precisamente por el poder de la oración, el Ángel de la Muerte no puede llevarse a la persona que ya debe concluir su vida, entonces envía efluvios de salud para que aparentemente se recupere y los familiares del moribundo se alegren y se despreocupen creyendo que ya mejoró, así el Ángel de la Muerte puede cumplir su misión.  Ésa es la razón por la cual mucha gente con enfermedades terminales se recupera antes de morir.

 Namasté.

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2 comentarios en “La Transición – El Proceso de la Muerte-”

  1. Richard Says:

    Hace 5 años atras, de una neumonia me hospitalizaron un 31 de diciembre en mi agonia por decirlo asi, nombre a familiares los cuales acudieron y un gran amigo de la familia que es un sacerdote de la religion catolica acudio a darme los santos oleos, este ultimo fue quien insitio que aun era de vida y que se movilizara mi familia para atenderme, tanto fue el amor de mi madre y mis hermanos que me hospitalizaron en el trayecto al hospital mi madre (por platicas posteriores me comento que me pregunto a que hospital deseaba ir) dure varios dias inconciente y en ese lapso, observe a mi familia y a la gente cerca de mi para despues envolverme en una oscuridad total pese a eso no existia miedo porque todo esa calidez, solo sentia como mi cuerpo estaba sustemdido, no existia una, pero escuchaba todo, de ahi desperte a los 6 dias, me dio miedo dormir y casi por 3 meses internado no desee dormir, solo recuerdo uno de tantos dias que me visito el sacerdote para que me confezara o que dialogara como amigo, le platique lo sucedido y meses despues me dio la respuesta (ya que habia salido del hospital) solo me toco y me dijo que esa oscuridad era la transición, donde uno mismo elige, seguir con vida o morir


  2. [...] ese sábado de esa misma semana, la abuela que les comenté en párrafos superiores, falleció, y quizás por haberla querido tanto en vida, quiso despedirse de mi, de una manera inusual, como [...]


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